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Anta Hualan:

     El valle de Andalgalá, en el corazón del oeste de la provincia de Catamarca, hoy uno de los mas importantes y ricos de la misma, es digno, por mas de un motivo, de una pagina.

     Lleno esta este valle de antigüedades y antiguallas, vestigio del pasado, que el tiempo va haciendo desaparecer paulatinamente, cuando no las destruyen los habitantes del país, sin comprender su inapreciable valor histórico, por el mero placer de destruir todo lo viejo, e ignorando que las ruinas son las reliquias de una historia de heroísmos, que debieran interesarles doblemente: por ser el lugar de bélicas hazañas, y por haber sido sus actores los viejos progenitores de la raza andalgalence, por cuyas venas circula torrentosa la sangre del calchaquí.

     Erizadas están de recuerdos las montañas del valle; cubiertas están las eminencias y llanuras andalgalences de restos de fortines, pucaraes y murallas de pirca en otro tiempo baluartes y trincheras; desparramadas por el suelo están las piedras con que se construyeron el fuerte castellano de san pedro de mercado y el fuerte indígena de Chelemín, levantado sobre los cerros por el valeroso cacique andalgalence, que sufrió el doble martirio de perder su vida y de ver esclavizada su tierra.

     Sepultadas están muchas otras antigüedades. Mas de una vez en excavaciones que se han practicado para lenventar una choza campestre, se ha dado de repente con huacas, objetos y antiguallas curiosísimos, que denunciaban el secreto de toda una generación.

     Tanto mas preciosos son estos objetos cuando que poco o nada nos dicen los viejos cronistas de estas civilizaciones muertas, destinadas como estaban sus paginas a ensalzar el valor castellano y ponderar los triunfos de la fe católica,  que el guerrero imponía, cuando no enseñaba el misionero.

     Entrando en el estudio de lo que era valle andalgalence en épocas remotas, debemos comenzar por descifrar ese nombre de Andalgalá, que se da al valle.

     Nuestro historiador hace la siguiente división etimológica de la palabra:

  • An-dal-ga-la, o bien : An-talca-la. Talca es el nombre local que se da a las liebres, y que a no dudarlo, es palabra que costa de la radical Tal y el articulo final ca, mientras que las partículas an, de alto, lla, de cariño, y ao, locativa, son muy conocidas.

     El origen de la palabra, atendiendo algunas circunstancias, puede ser otro, para lo cual necesitamos escribirla con un ligero cambio de letras, o sea:

  • Antap-hualan, o bien: Anta-huala, de donde, por corrupción común del lenguaje, habrá venido Andalgalá, siendo de no extrañar estos cambios, cuando trasformaciones de lugares hay sin cuento; y para no ir lejos, véase este; de uno de nuestro pueblos mas conocidos: Huilla-pima, Billapima y Villaprima, ya completamente castellanizado.

     Yo hago derivar (sin asegurarlo de ningún modo) etimológicamente el nombre de Andalgalá de dos palabras: Anta, cobre, y Hualan, Nombre con que el famoso valle andalgalense era conocido en tiempos de la conquista, por el cacique Gualan, de que habla Guevara; de tal modo que escribiendo el primero de estos nombres en genitivo, antaphualan, tendríamos dos puntos "Hualan de cobre", o bien: "Andes de hualan", por que el nombre primitivo de los Andes era Antis o Anta, por lo cual Andes significa "Montaña de Cobre".

     La Palabra Anta, con que se forma "Hualan de Cobre". Viene muy bien a Andalgalá, como que en este departamento hay riquísimas minas de cobre que se explotan con no poco beneficio, a pesar de la mala viabilidad. Es sabido que los indios Andalgalas beneficiaban muy bien el Anta o cobre el la hacienda de Huasán.

     Si la radical gala de la palabra significa otra cosa, puede que el Andal sea Antap o Anta. Sin embargo, nada se puede asegurar, pues quizás buscamos traducción quichua a palabras Kakanas o de algún otro idioma nativo. Esto, que quise averiguar en primer termino, no me ha sido posible hacerlo.

     En la cuestión de los nombres de lugares, debe buscarse, por otra parte, su etimología, teniendo en consideración todo lo que con el nombre puede relacionarse. De aquí que puede surgir una otra interpretación de la palabra que me ocupa. ¿Por qué, si nos remontamos a los tiempos de la conquista incásica, no podríamos conjeturar muy bien que el nombre de Andalgalá, corrompido ya, sin duda, no ha sido importado por los del Cuzco? ¿Quién podría asegurar que Andalgalá no fuese una corrupción de Andaguayla? ¿No es racional pensar que esta última palabra originó  la primera, si tenemos en cuenta un notable acontecimiento  histórico, ligado indirectamente a los sucesos del Tucumán? Andaguayla es el valle donde habitaron  los changas, que pusieron en jaque el tronco incásico, y a los cuales el Inca pudo vencer después de cruentas batallas; y así dice Garcilaso: "los changas (que vencieron a un hermano de Pachacuti Inga Yupanqui) es la nación que poseía  el valle de Andaguayla, que esta obra de treinta leguas del Cuzco camino de Lima". Estos changas o andaguaylas fueron vencidos por Huiracocha, el Inca de la supuesta embajada; y a cualquiera se le puede ocurrir que el nombre del valle de la tribu peruana y del lugar que nos ocupa están emparentados; que los valerosos capitanes del Inca, que tanto le veneraban, por congraciarse con el hijo del Sol, o por conmemorar sus hazañas y perpetuarlas en las tribus que ingresaban a su imperio, hubiesen dado el nombre de los vencidos del valle peruano a este valle, en el que, yo no dudo, estuvo al asiento de la corte del Tucumán incásico. Ejemplos de esto hay más de una vez en la historia, y para no ir lejos, citemos en el Tucumán el nombre de Chicoana (en Salta), el mismo de uno de los valles peruanos.

     Sin duda que Andalgalá ha sido la gran región kakana, o la región clásica de los pobladores primitivos, y que por sus riquezas mentadas y el estado de su cultura, mucho tendría el país que hacer con el Inca, pues que los andalgalás "eran gente de buenos entendimientos".

     Ante todo, recordemos que el cronista nos habla del poderoso cacique Tucumanao, quien hospedó al descubridor Diego de Rojas y al conquistador Núñez de Prado, Tucumanao, que hasta hoy existe casi despoblado, encuéntrase en la misma región geográfica de Andalgalá, en un departamento contiguo. Sábese por más de una autoridad histórica, que el cacique Tucma dio su nombre a toda la provincia del Tucumán, y que Tucumanao no significa otra cosa que "pueblo de Tucma", donde indudablemente debió tener su asiento real este cacique, jefe de gran parte de las tribus tucumanas, pues que era poderoso el Señor de Tucumanao cuando Rojas. Este Tucma, debió ser el de la supuesta embajada a Huiracocha en demanda de civilización, que solo es concebible lo hicieran "gente de buenos entendimientos", o el Tucma que resistió al Inca.

     Desde ya estos datos nos autorizan a pensar que Andalgalá fue el verdadero Tucumán, el centro del Tucumán que los Incas añadieron a su imperio. Pero hay mucho más que sirve de sólido refuerzo a esta idea de que Andalgalá fuese el centro de la civilización cuzqueña, el foco de la colonia incásica, de tal modo que el Tucumán del Inca tuviese una parte de su representación política en el Tucumangasta de los llanos andalgalenses lo mismo que en Tucumanao. También es reveladora la fortaleza del Inga algunas leguas más allá.

     Debe tenerse muy en cuenta el hecho de que, a más de Tucumanao, haya habido otro pueblo de Tucma, o Tucumangasta, en Andalgalá, que con el anterior son ya dos pueblos del mismo cacique, distantes apenas unas cuantas leguas el uno del otro.

Téngase bien presente que este hecho no se repite en región alguna de Tucumán, donde no existen, siquiera, lugares con el nombre de Tucma.

     Que la nación andalgalense era grande y poderosa, no hay duda, toda vez que constituían parte de la misma las tierras de los huasanes, huachaschis tucumangastas, pipanacos, etc., siendo los yocahuiles sus aliados, tribus todas que tanta participación han tomado en las guerras de la conquista. Bien sabido es que Chelemín fue el gran cacique andalgalense, y que al frente de numerosas y fuertes tropas luchó porfiadamente al poder español, hasta ser el héroe de la resistencia, si exceptuamos a D. Juan de Calchaquí. Por los planes bélicos de Chelemín, por la dirección de la guerra, por la construcción del fuerte que llevó su nombre, situado en el corazón de la región andalgalense, se ve que Chelemín no es un hombre vulgar, y un hombre sólo es la revelación de un pueblo.

     Los quipus, desconocidos en todas las regiones del Tucumán, eran usados por los andalgalenses, lo que parece dar a entender que en el país que éstos habitaban debía encontrarse el centro del poder incásico, pues sabido es que por medio de los quipus los encargados de la cosa pública, los subalternos del Inca, llevaban las cuentas y todo lo relativo a la administración. La falta de quipus en el resto del Tucumán prueba que en ninguna otra parte sino en Andalgalá residían las autoridades del Inca. Por lo demás, cuando hasta el pueblo conocía quipus en Andalgalá, muy usados debieron haber sido por los grandes de la corte.

     No hay en todo Tucumán, por otra parte, pueblo alguno que como el de Andalgalá haya heredado tanto de la cultura quichua, cuyo mismo idioma era perfectamente hablado por estos indios.

     En el viejo Andalgalá se encontraban artistas sin rival en todo el Tucumán, como dan de ello testimonio objetos de arte descubiertos hasta ahora, y que por sus grabados se ven que han sido trabajados en la época antecolonial. Los objetos de piedra del Pucará son inmejorables.

     Objetos de alfarería andalgalense parecen ser incásicos, y se ha dado con medallones de cobre que tienen grabado al Inca en su trono, con su sol y su llautu. Otros curiosos trabajos de oro, plata y cobre, con alusiones al Inca, demuestran una civilización bastante adelantada. Sin embargo, es oportuna la observación que me hace el señor Lafone Quevedo en una carta que me dirige desde Pilciao: "No es probable, me dice, que los calchaquíes como tales hayan sabido elaborar el oro y la plata, porque estas pastas correspondían exclusivamente al Inca, y las prendas de oro y plata que a veces se encuentran deben ser procedentes del Perú, como regalos hechos por el Inca a los más distinguidos vasallos de su dilatado Imperio". Esto mismo si así fuera demuestra que Andalgalá venían los principales regalos del Inca, porque allí se encontraban sus más distinguidos vasallos.

     Notables eran las obras hidráulicas de los andalgalás,  así como sus construcciones, especialmente la militares.

     Muchas huaras o fundideros de cobre, en que se beneficiaba este metal, nos dan clara idea de la importancia de esa industria.

     Como en el país de los cuzqueños, no han escaseado en Andalgalá las famosas huacas de oro y plata, tantas veces objeto de la codiciada castellana.

     Hasta hoy no es difícil encontrar uno que otro fragmento de las torres derruidas de los guerreros andalgalenses, en un todo idénticas a las torres cilíndricas de los Incas.

     Los caciques andalgalenses en su traje y porte se llevaban mejor que los curacas de las otras tribus, gastando adornos de oro y plata, y corona con orbe de este mismo metal. Esto del orbe de plata es sin duda herencia de los amautas del Perú; y estar a lo que escribe Juan de Betanzos, este orbe o patena tiene su significación en la idolatría incásica.

     Entre la numerosa colección de antigüedades existe en Andalgalá un disco en cobre que representa al Inca, el cual es una verdadera curiosidad artística, tanto por su fundición, cuanto por sus grabados y relieves. Las formas, posición y demás detalles en la lamina de altorrelieve que representa el Inca, tienen las mas completa similitud con la de los grabados cuzqueños.

     He aquí cómo describe el señor Lafone Quevedo el grabado del disco de que es poseedor; "Esta, dice, el Inca en su escaño o tiyana, abajo de la barba se ve un curiosísimo copón o cáliz; sobre la cabeza tiene un diadema muy galana, que bien puede ser de plumas, y de ellas cuelgan dos orejas; en la frente está una patena, y si faltan las mamaconas, con plumas coloradas, con las cuales oxeacen las moscas, están dos lagartijas que también oxean moscas".

     El mismo señor Lafone Quevedo posee otra antigualla encontrada en Andalgalá. Su material es una arcilla negra muy bien embetunada; su forma un aguador sentado, desgraciadamente sin cabeza, y a cuestas carga un gran tinajón todo cubierto de dibujos trazados a buril, que no son otra cosa que un monstruo como dragón policéfalo, cada cabeza con dientes y cuernos bien pronunciados, que no dejan de tener su semejanza con las cabezas de serpientes descriptas por el doctor Le Plongeon.

     Algunos centenares de alfarerías, muchas de ellas muy buenas, de Pilciano, Huasán etc.. delatan la civilización andalgalense.

Texto extraído del capitulo xx de la Obra Calchaquí, de Adán Quiroga.  [Adán Quiroga]