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Impresiones de Viaje a Través de Catamarca (Argentina)

     Un amigo rosarino me pidió unas "impresiones de viaje" a Catamarca. No fui en calidad de viajero ni de observador, por lo que no sé si realmente serán de interés para terceros.

     Intentaré "disparar" algunas impresiones, así, como en viaje. Una de ellas: la presencia de nombres indígenas: Chumbicha, Coneta, Huillapima (la "Billapima" de viejas probanzas de méritos de vecinos feudatarios); y otros antiquísimamente hispanos: río Miraflores, La Merced, y , obviamente, el famoso, hispano-indígena (del Rey de Castilla) San Fernando del Valle de Catamarca.

     Un paisaje imponente , grandioso, y agreste. Entre tanto, algunos senderos de fino médano, que se dirigen campo adentro, vaya a saber a qué puestos, bordeados de cardones verde oscuro, con muchos brazos, como candelabros. Al oeste, un pico de cerro inalcanzable, suspendido de lo alto: el "Manchao", todo blanco, como surgiendo del propio cielo.

     A la ida, en el bonito arco de la Sociedad Rural, una vaca holando pastaba parsimoniosamente a la sombra de un cartel. A la vuelta, al cabo de 3 días, la misma vaca, en la misma posición, bajo el mismo cartel...

     La ciudad: quizás no corresponde al sueño de una Catamarca colonial. Su estilo es más bien indefinido. Tiene una peatonal de muchas cuadras, muy útil para volver al hospedaje caminando, siguiendo el dicho inglés: "After lunch, rest a while; after dinner, walk a mile" (para los menos versados en el idioma que, de acuerdo a cierta pícara tradición, Carlos V usaba para entenderse with the horses: "después de almuerzo, descansa un rato; después de la comida de la noche, camina una milla").

     Los restaurants: ví un par de parrilladas muy atractivas (hay una magnífica subiendo por la calle que va hacia el Cerro y el legendario El Rodeo). Una de ellas brinda toda clase de cortes sin límite, en un sorprendente shopping en la Terminal de ómnibus, lugar habitualmente carente de todo encanto. En Catamarca, se puede comprar en él recias botas de montar y elegantes sillones de pana verde musgo, estilo Luis XVI.

     A pocos metros de allí, una boletería nos dejó rêveux (soñadores): la de "El Antofagasteño". Por 50 pesos, se pueden recorrer, a lo largo de 15 horas, los mágicos puntos que, como Aimogasta, Belén, Corral Quemado (sí, el de "pasaré / por Hualfín... me voy a Corral Quemao... a lo de Marcelino Ríos/ para corpacharme con vino morao"), que terminan en la mítica Antofagasta de la Sierra. Amigos que por allá estuvieron rompieron una infinidad de cubiertas, conocieron una laboriosa población predominantemente coya y pescaron truchas en lagunas paradisíacas.

     En el centro, negocios con variedad de dulces regionales, como soñados frasquitos de dulce de lima o de limón sutil, o "en pan" -de manzana , membrillo, cayote, batata- en cajoncitos, y caramelos caseros de dulce de leche, exquisitos.

     Un buen restaurant de lindo nombre: La Tinaja. Después del examen de Antropología, fue realmente restauradora la "Milanesa a caballo", como una tostada pampa quebrada coronada por una golilla de encaje digna de Zurbarán, con dos florines de oro puro. Ferrito, sabio restaurateur y mozo chileciteño, de no tan buen genio (digan si no los asistentes a la III Jornada del Tucumán y Cuyo), sostiene contra viento y marea que este tradicional plato argentino en realidad es (o son) las "Milanesas de Felipe V". De acuerdo a esta teoría histórico-gastronómica, habría sido este ilustre monarca de la Casa de Borbón quien, a pesar de las falencias de la Dinastía, habría creado esta maravilla con la que heredó a sus vasallos del Río de la Plata.

     En la Universidad, ambiente muy afín al riojano. Los jóvenes con sus chanzas. A una niña resignada, de rasgos indígenas y africanos, que estaba por rendir Historia Antigua, le recomendaban encomendarse a Zeus, o al dios Inti y erigirle una apacheta, en medio de risas. Desde el piso superior se oía una voz potente y de circunstancias: todos de gala, en elegante salón, que contaba con una mesa rodeada de mozos de guante blanco..., era la colación de grados de una brillante camada de noveles profesionales catamarqueños.

     El viento nos batió en esos días, levantando nubes de polvo y haciendo rodar cardos hirsutos en la ruta y sacudiendo las ventanas en los edificios.
Tiene muchas prendas esta hospitalaria ciudad. Pero la gloria de Catamarca es sin duda alguna la Virgen del Valle, histórica fundadora -y no es retórica. Tiene un imán sobre el alma de los catamarqueños que impresiona. Está en todas partes, con su presencia maternal, discreta y delicada, en la Terminal, en las plazas, en medio de risueñas fuentes, en los negocios, en las esquinas, en lo alto de los edificios en simpáticas grutitas de piedra iluminadas...

     Estuve en la Catedral , "a la oración". Es maravilloso entrar en ese Palacio de Dios. Por momentos me pareció oir alegres acordes de órgano. Es uno de los venerables recintos sagrados de la Cristiandad, Sede de la imagen prodigiosa.

     En una nave lateral hay también una imagen digna de nota, de Ntra. Sra. del Rosario, que representa a Aquella que ayudó al triunfo cristiano en la memorable batalla de Lepanto.

     Está sobre fondo de luces doradas. Tiene lozanía y encanto especial, con su bello Niño. De su mano cuelga con gracia un Rosario de cristal de roca , que cada tanto lanza destellos de colores.

     En el lugar central está la Virgen del Valle. Tiene rasgos profundamente indígenas y una mirada indescriptible. Está en lo alto de un gran altar, concebido por un gran artista. Contrastando con las modas y contagio de gran ciudad de la peatonal, con sus "artesanos" desinhibidos y extraños "mimos" que se fingen algo locos, el ambiente en la catedral es de un recogimiento lleno de vida. Siempre hay filas de fieles arrodillados rezando, en los bancos, al terminar la última misa . Hay quietud con plenitud, en la tranquilidad de la noche. Las filas de fieles parecen decir: "aquí estamos, Madre mía; este es tu pueblo auténtico".

     Se sale mirando hacia lo alto. La Virgen, con un qué de Reina española y algo de morisco en el conjunto de su vestimenta y corona (recuerdo lo de "impresiones subjetivas"), desde su "bóveda celeste" gobierna el Valle...

Luis Mesquita (con ayuda de Betty, su mujer)