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Cuando los españoles
penetraron en el Valle de Catamarca, éste ya estaba poblado por
culturas milenarias.
El famoso método
español de colonización urbana mediante la fundación de ciudades
territoriales, clásico en otras provincias, no se aplicó en
Catamarca.
Primero tuvo lugar el
poblamiento de la campaña, la colonización rural de los valles.
Después, la dinámica de
la vida del Valle llevó a la formación de la aglomeración
urbana.
El establecimiento del
primer centro constituyó un largo y complejo proceso que comenzó
en 1558 con la fundación de la primera ciudad de Londres por el
capitán Juan Pérez de Zurita y recién se afianza con la de San
Fernando del Valle de Catamarca 125 años más tarde en 1683,
realizada por don Fernando de Mendoza Mate de Luna, Gobernador
del Tucumán, quien traslada a ella la antigua ciudad de Londres.
Mientras tanto, otros
núcleos se fueron consolidando en la provincia.
Tinogasta, vasto pueblo
de indios dado en encomienda en 1607, fue uno de muchos casos de
poblados con continuidad indígena -española en su desarrollo.
Belén en 1681 y Santa
María en 1736 se originaron en mercedes reales de tierras cuyos
propietarios iniciaron el poblamiento construyendo las iglesias
de Nuestra Señora de Belén y de la Candelaria que nuclearon a
los vecinos de la zona.
El siglo XIX es de
progreso para el poblamiento de Catamarca con el florecimiento
de las economías regionales del Noroeste.
La producción agrícola
y ganadera, la explotación de minas de cobre y oro, las
artesanías textiles y de cuero y un intenso comercio con Chile,
Perú y Buenos Aires significaron una época de prosperidad, con
leves interrupciones por conflictos de orden nacional o
regional.
La "revolución
demográfica" que a partir de 1860 provocó la inmigración masiva
de europeos y el consiguiente desarrollo acelerado de la región
pampeana no sólo no llegó a Catamarca sino que provocó la
desorganización de su economía y el comienzo de la emigración de
catamarqueños hacia las nuevas zonas prósperas, con
características casi de éxodo hacia los años setenta.
En la últimas dos
décadas se produce una reacción: disminuye el éxodo en los años
ochenta y en los noventa la provincia exhibe un crecimiento de
población muy superior al promedio nacional: las importantes
transformaciones en su economía, fundamentalmente el desarrollo
industrial en la Capital y sus alrededores, han sido la base de
su recuperación demográfica. |