|
De origen alemán y nacido en la localidad de Landau el 15
de febrero de 1837, cursa estudios de Ciencias Físicas y
Naturales en el Instituto Real de Estudios de Baviera,
completándolos como químico metalúrgico en Heidelberg y Munich,
siendo discípulo, entre otros, del famoso profesor de la cátedra
de Química, Roberto Guillermo Eberard Bunsen, gran inventor y
descubridor, autor de la pila de carbón. En Oxford, donde
perfecciona sus estudios, se desempeña junto al Príncipe de
Gales, como ayudante de cátedra del profesor Brodie, hijo del
prestigioso primer cirujano de la Reina Victoria, Benjamín
Collins Brodie.
Entusiasmado con un aviso periodístico publicado en Inglaterra
por Alejandro Lafone – hermano de Samuel Fischer Lafone, padre
de Samuel Lafone Quevedo- reclamando un químico-minerólogo para
una planta de cobre en Argentina, firma contrato y se traslada a
nuestro país durante los sucesos de Pavón (1861). Para entonces
y con aproximadamente 25 años, ya había publicado algunos
trabajos en colaboración con su profesor Bunsen.
A su llegada, la marcha de la empresa Lafone había deteriorado a
tal punto que se le ofreció la indemnización debida para dejar
sin efecto el contrato de trabajo, pero Schickendantz –que aún
no hablaba castellano- desafió a los Lafone a esperar un año
para tomar la decisión. Convencido así, y en tiempos de guerra
civil se dirigió rápidamente a Córdoba para llegar más tarde a
Santa María, donde operaba la primera planta recuperadora de
mineral de la familia Lafone.
En 1865 contrae matrimonio con María Josefa Díaz, a quien había
conocido en una de las reuniones sociales que organizaba Samuel
Lafone Quevedo y en donde Schickendantz interpretaba a cuatro
manos con aquél, música clásica. Ella era posiblemente,
descendiente de la tradicional familia fundada por el General
español don Luis José Díaz, probablemente el hombre más rico de
la historia de Catamarca, dedicado a la ganadería, la
agricultura, el comercio y la minería, y creador del Mayorazgo
de Huasán en Andalgalá, a favor de su sobrino mayor, Salvador
Díaz, en 1768.
El padre de María Josefa, don Miguel Díaz de la Peña, de
filiación unitaria y gobernador de Catamarca en los años
1830-31, era nieto de aquel sobrino heredero del Mayorazgo. Gran
amigo de Bernardino Rivadavia y el General Paz, fue autor del
obelisco (pirámide ligera de base cuadrada y piramidal) que
inaugurada durante su breve gobierno engalanó nuestra plaza
principal hasta el año 1915. Vencido y huyendo de los Federales,
falleció soltero en Bolivia, cuenta Manuel Soria.
En Andalgalá una vez puesto en marcha el nuevo Ingenio Pilciao,
se dedica a investigaciones científicas de la flora y fauna del
lugar, enviando estos estudios a Berlín y Paris, como así
también muestras de cardones y pencas a botánicos de Europa.
Allí clasifican el arbusto chileno rodajillo con la denominación
Bulnesa Schickendantzii y al olivillo como Monttea
Schickendantzii, en homenaje a su descubridor.
Se desempeña como miembro de la Comisión Escolar de Andalgalá
durante largo tiempo teniendo una destacada labor en pro de la
educación primaria. Estas Comisiones Escolares eran entidades
constituidas por padres lugareños que tenían por misión elegir
los maestros, vigilar la educación impartida, pagar a los
educadores y administrar los fondos de las escuelas.
Participa activa y decisivamente desde la Exposición Universal
de París en 1867 hasta la Exposición Continental de Buenos Aires
en 1882, y gran formación profesional le permite lograr
novedosos procedimientos en el procesamiento del mineral para
obtener mayores rendimientos. Los lingotes de cobre que la
planta producía eran de feo aspecto y poca prolijidad, pero
metalúrgicamente eran un triunfo enteramente catamarqueño del
arte de fundir. Partiendo del mismo metal, los indios que
trabajaban en los hornos de los ingenios podían hacer barras con
gran porcentaje de cobre.
El gobierno nacional le confía en 1871 la dirección de la
Escuela Agronómica de Tucumán, con retención del cargo de
profesor de Física y Química del Colegio Nacional de esa
provincia, pero por desavenencias con el gobierno local,
renuncia al poco tiempo y regresa a Pilciao, dice Furlong.
En 1873 escribe La Mina Restauradora y el beneficio de sus
metales en el Ingenio Pilaciao. En 1874 el gobierno de la
provincia le encomienda determinar la ley del mineral de una
moneda boliviana y escribe Metales explotados de la Mina
Restauradora durante el año 1873. En 1875 colabora con Federico Espeche suministrándole información para su libro La Provincia
de Catamarca y en abril concluye en Pilciao un importante
escrito sobre geografía económica de Catamarca, publicado en
idioma alemán en la Revista Alemana y titulada La Provincia de
Catamarca y sus industrias actuales y su porvenir. Este trabajo
le serviría de base para las publicaciones en el periódico La
Unión, que sobre Las Industrias de Catamarca y La Agricultura en
Catamarca encararía junto a Lafone Quevedo en 1881 y culminaron
con el libro publicado a fines de ese año por el gobierno
provincial titulado Las Industrias de la Provincia de Catamarca.
Realiza importantes investigaciones acerca de la flora
catamarqueña y muy especialmente de nuestras plantas
medicinales, enviando a la Exposición de Filadelfia de 1876 la
primera colección científicamente estudiada y clasificada de
nuestra flora. Hizo lo mismo en colaboración con el entonces
joven naturalista Miguel Lillo, clasificando la flora de
Tucumán, remitiendo una colección a la Exposición de París de
1889 y escribiendo Flora de Tucumán.
En 1881 se desempeña como Secretario de la Comisión Central de
la Exposición Continental y como Secretario de la Comisión
Central de la Exposición y Feria de la Sociedad Rural Argentina.
Como Vicepresidente del Centro Industrial de Catamarca y por
encargo del Ministro de Gobierno el doctor Francisco Caracciolo
Figueroa, elabora junto a Samuel Lafone Quevedo y la
colaboración del ex gobernador Mardoqueo Molina y el Oficial
Mayor del Ministerio de Gobierno, señor Manuel Molas, la Memoria
Descriptiva de la Provincia de Catamarca.
También ese año es designado Rector del Colegio Nacional de
Catamarca –donde cursan estudios sus hijos Eduardo y Federico, y
Emilio en la Escuela Graduada Anexa- destacándose por intentar
la tarea de forjar un cuerpo de profesores de primer nivel, con
vocación y suficiencia científica. Impone en los alumnos una
estricta disciplina en materia de estudio y dedicación, haciendo
de la nota Sobresaliente toda una excepción, lo cual le acarrea
no pocos problemas. Crea la cátedra de Docimasia (Determinación
de la cantidad de material útil que poseen las sustancias) que
junto a la homóloga de San Juan fueron únicas en el país, y se
empeña por despertar nuestro interés por aprovechar la riqueza
minera que poseíamos y capacitarnos para hacer de ella nuestra
fuente de prosperidad.
Hacia el año 1883 se traslada a Tucumán para desempeñarse como
director de un ingenio azucarero, donde desarrolla nuevos
procedimientos para el aprovechamiento de la caña de azúcar y
publica sus investigaciones en revistas alemanas. Armando Raúl
Bazán cuenta que, residiendo allí, publicó también estudios
sobre aguas termales y biología vegetal en una revista
científica. En 1885 se desempeña a cargo de la Oficina Química
Municipal de Tucumán y elabora una monografía sobre un nuevo
sulfato descubierto por él.
En 1891 suministra al experto Alois E. Fliess –comisionado por
el entonces ministro de Hacienda doctor Vicente Fidel López-
importante información para la confección de su libro La
Producción Agrícola y Ganadera de la República Argentina, debido
a que no había visitado Catamarca, La Rioja ni Corrientes.
En 1892 se radica en Buenos Aires para desempeñarse como
profesor del Colegio Nacional y como químico del Museo de La
Plata. Doctorado por la Universidad de Oxford, no acepta tamaña
distinción por no sentirse merecedor de tanto honor.
Estando en Buenos Aires, realiza estudios de suelo y
lamentablemente cuando había aceptado trabajar en la jefatura de
la Oficina Química de Mendoza, aún joven -59 años- fallece el 4
de abril de 1896 dejando varios hijos.
Federico Schickendantz hablaba latín y griego y la mayor parte
de las lenguas vivas de Europa. Franco y leal, profundo
conocedor de las ciencias naturales y sociales, repudiaba la
adulación y la intriga. Por no amoldar su carácter a las
exigencias de la política debió abandonar puestos relevantes y
amante de una rígida disciplina e imparcialidad con los alumnos,
asistía diariamente a todas las asignaturas del Colegio Nacional
interpelando a los estudiantes en sus saberes.
Cornelio Sánchez Oviedo en su libro Catamarca en las
Exposiciones, emitía este juicio sobre la obra de Schickendantz:
Elevó el Standard de nuestras industrias. Instruyó a la juventud
catamarqueña en el conocimiento y beneficio de las riquezas de
la religión. Reveló al mundo a través de las Exposiciones gran
parte de las posibilidades de Catamarca. Estudió la flora y gea
de nuestra provincia. Formuló indicaciones preciosas para
mejorar su economía. Mejoró el nivel intelectual de la juventud
estudiosa. Defendió siempre el buen nombre de nuestra provincia.
Pero la mediocridad de los dirigentes políticos, no podía
tolerar que un sabio alemán –con las mejores intenciones- les
indicase medidas tendientes al beneficio general, ello lastimaba
muchos intereses creados y la ruptura se hizo inevitable.
Schickendantz se fue para Buenos Aires donde falleció… después
de una permanencia de 20 años en una región por la cual hizo más
que por su propia patria y que le retribuyó su acción con la
hostilidad, el silencio y el olvido póstumo.
Texto extraído del libro: “Escritos Económicos”, Autor: Lic.
Raúl Edgardo Caro
|